DEUDA SUBORDINADA

 

Iscarabogados.es, 17/07/2013  
2007  

¿QUÉ PUEDO HACER SI TENGO DEUDA SUBORDINADA? 

 

CONSÚLTENOS. Su problema tiene solución. Los tribunales están atendiendo de forma mayoritaria las reclamaciones que se formulan en las que la información facilitada ha sido engañosa, existiendo error en el adquirente de estos productos, determinante de la nulidad del contrato. 

El primer paso es reclamar a su entidad. Seguidamente al Defensor del Cliente, a la CNMV y al Banco de España. De no ser atendida su reclamación por estas vías amistosas, solo resta plantear la demanda judicial ante los juzgados para lo cual dispondrá de un estudio personalizado y un presupuesto previo. 

 

¿QUÉ ES LA DEUDA SUBORDINADA?

 

Este producto, suscrito por muchos ahorradores, se conoce en la jerga bancaria y financiera como productos de “deuda subordinada” (secondary debt). Estos productos no son meros depósitos a plazo sino instrumentos financieros derivados y complejos que cumplen la función de auténticos valores bursátiles negociables en mercados secundarios de valores y que comparten múltiples características con las denominadas “participaciones preferentes”, si bien no son exactamente lo mismo. 

            La deuda subordinada tiene naturaleza jurídica mercantil y puede definirse como un conjunto concreto de títulos-valores negociables de renta fija a largo plazo con rendimiento explícito, emitidos normalmente por entidades de crédito, que ofrecen una rentabilidad mayor que otros activos de deuda, y en los que el cobro periódico de los intereses (cupones) por el inversor suele estar condicionado a la existencia de un determinado nivel de beneficios.

            Esta mayor rentabilidad se logra a cambio de perder capacidad de cobro en caso de extinción y posterior liquidación de la sociedad (supuestos de concurso de acreedores), ya que el pago de la deuda está subordinada, en el orden de prelación, en relación con los acreedores ordinarios o generales. Esto quiere decir que, en caso de concurso de la sociedad emisora, la deuda total existente se pagará primero a los acreedores ordinarios y luego, sólo si queda un remanente en los activos, podrán cobrar los poseedores de este tipo de deuda. En penúltimo lugar se sitúan, precisamente, los tenedores de participaciones preferentes y en último, los de tenedores de acciones sociales.

            De aquí viene precisamente la calificación de estos instrumentos como productos financieros de riesgo, cuyo tratamiento requiere un conocimiento debidamente especializado de las características jurídicas y económicas del mercado financiero. Además, la deuda subordinada no está cubierta por los 100.000 € del Fondo de Garantía de Depósitos, como sí ocurre con los bonos. Precisamente, a cambio de este mayor riesgo que asumen los compradores de productos de deuda subordinada, los mismos suelen ofrecen una rentabilidad mayor a la del mercado de renta fija estricto, con el objetivo de atraer y captar los inversores y compensar el menor rango y peor orden de prelación de cobro.

            En el caso de las entidades de crédito esta deuda subordinada es considerada, junto a las participaciones preferentes, un instrumento híbrido de capital, en el sentido de que cumple ciertos requisitos que lo asemejan parcialmente al capital ordinario de las entidades de crédito, y es computable como recursos propios de las entidades (Tier-2). Aquí está precisamente la clave jurídico-financiera que explica con más precisión el riesgo que se pone en juego y la predisposición de las entidades de crédito a ofrecer estos productos precisamente en plena crisis económica.

            La liquidez de estos instrumentos es muy reducida: si bien en los folletos explicativos del instrumento correspondiente se suele establecer que se pueden vender en los distintos mercados en el momento que al inversor le parezca más conveniente (y en condiciones económicas favorables es probable que así suceda puesto que no hay ningún impedimento legal para ello), es preciso también poner de manifiesto que para cualquier operación de compra-venta de títulos es preciso el concurso de vendedor y comprador, y en el caso de que la entidad presente problemas financieros es fácil entender que los supuestos compradores no aparecerán al saber que si quiebra la sociedad ellos no van a tener la seguridad de participar activamente en la liquidación.

            La consecuencia de todo ello, que se predica también de las participaciones preferentes, es que si un particular decidiese tratar de recuperar su inversión antes del plazo de vencimiento indicado (lo que en la terminología bancaria se conoce como realizar una desinversión) es bastante probable que también deba exponerse a no recuperar la totalidad de dicha inversión, aparte de tener que hacer frente a las correspondientes comisiones bancarias por haber ordenado una venta anticipada de los activos.

            Se distinguen habitualmente tres tipos de deuda subordinada: redimible, no redimible y convertible o canjeable en obligaciones o acciones. La redimible es aquella cuyo principal tiene un vencimiento determinado en el tiempo; la no redimible aquella cuyo principal no tiene vencimiento y produce una deuda perpetua (típico supuesto de las participaciones preferentes); y la convertible o canjeable en obligaciones o acciones, aquella que en determinada fecha puede canjearse por o convertirse en obligaciones o acciones, bien a opción de la sociedad o a opción de los titulares de los bonos. 

            La principal diferencia entre bonos, obligaciones subordinadas y participaciones preferentes está en el condicionamiento del cobro de intereses (cupones) a que haya beneficios. En el caso de los bonos, el cupón se cobra siempre (salvo quiebra del emisor, claro), por lo que tienen la consideración de activos de renta fija pura, mientras que las obligaciones subordinadas y participaciones preferentes se consideran híbridos de renta fija y variable porque pueden no cobrar cupón si se cumplen dos condiciones: primera, que el emisor no haya obtenido beneficios, y segunda, que además no se hayan pagado dividendos a los accionistas. Finalmente, la diferencia fundamental entre la deuda subordinada y las participaciones preferentes es que en estas últimas el cupón se pierde, mientras que en la deuda subordinada sólo se difiere, y el cupón se cobrará cuando el emisor vuelva a tener beneficios.

 

 
Imprimir Documento
Enviar Documento

Noticias

1 Actualidad Jurídica
2 Jurisprudencia
3 Consejos Útiles
4 Blogs, webs y otros enlaces
5 Concurso Carabias Molina S.L
6 Concurso ENNE DIGITAL ENTERTAINMENT STUDIOS SL